Manuel Delgado critica a los
dóciles, a los pedagogos y a los educadores. Habla de espacio público
como calle, no es algo clasificado, formado, etc. es un espacio de
relaciones en público, un lugar donde todas las personas deberían tener acceso.
Este autor también contrapone
espacio público a los grupos que desde el poder se ocupan de los asuntos que
son comunes de la vida social, es decir, lo contrapone a una esfera pública.
El espacio público, según este
autor, es un espacio de conflicto, espacio de batallas donde los individuos
luchan por su protagonismo. Los ciudadanístas cancelan las luchas sociales.
La educación es reformista, tengo
que confiar en que el otro puede educarse. Si quieres dedicarte a la educación
tienes que elegir ser ingenuo (conscientemente) pensando que el individuo puede
conseguirlo. Si digo que el espacio es un lugar de batalla, la manea para
combatirlo será con batalla, pero la educación no puede hacer eso, por ello la
tercera vía es la demócrata pero no revolucionaria.
Un educador es ingenuo porque
también es revolucionario ya que cree que a través de la acción se puede
mejorar al individua y así a la sociedad.
El agente cívico advierte el cómo
valoramos, pensamos hoy el espacio público y se hace porque queda bien
políticamente. Por ejemplo, no tirar papeles al suelo, existe pues una
intencionalidad política. La libertad debería de ser individual y no que te
digan no tires tal, no vayas a... Entonces planteamos la pregunta, ¿es
necesaria la educación cívica? y ¿es tarea del educador social? Por el bien
público o común debe existir pertenencia. En general, la educación cívica
debería de producir un bien común y este bien una libertad individual. Los
riesgo serían, la ley que tiene un control público y una normativa sobre las
conductas y la norma que tiene modelos ideales de ciudadanía (que parece que
hay solo un único modelo). La ley no es competencia del educador, pero las
normas si. Sin embargo, deberemos pensar en si la norma y la ley bloquea la
libertad individual. Educar en civismo es aprender las normas (tarea del
educador independientemente de si nos parece bien o no) de convivencia para una
sociedad determinada. Aquí como educador trasmite las normas pero mi tarea no es
hacerlas cumplir. Como Manuel Delgado dice, parece que se habla de un espacio
dominado.
Debemos distinguir entre dar
charlas morales a la población, amenazarla, etc. Eso parece que lo hacen los
agentes cívicos en el video y que el educador transmita la norma para el bien
público y común (en lugar de no puedo dejar rastro en los espacios públicos,
podré hacer lo que quiera pero si me voy ya no es mio, pero lo puedo usar).
Manuel Delgado termina diciendo que la calle es incontrolable.
Si la norma no se cumple se recurre
a la multa. Resultan más violentas las charlas moralistas que las propias
multas, por tanto, eso no es actuar.
En las ciudades menos reguladas los
adultos sancionaban “colleja”, que es la presión de la comunidad. Pero en
sociedades complejas será necesario regular las cosas.
Existen tópicos en España como
ruido, robos, suciedad. En Suiza se hicieron preguntas respecto al tiempo de
vacaciones y por tercera vez decían que el tiempo era el suficiente. En otros
países no existen barras en los metros ya que todos pagan pero en otros lugares
multan por patinar. Parece que todo tiene un sitio, un momento, ello supone
acabar con la vida pública.
En conclusión, argumentas con
normas sobre algo para acabar con otra cosa. Todo tiene su sitio como el parque
para jugar, campo de fútbol para jugar al balón, etc. Las prostitutas afean las
calles y por eso se aborda mucho su puesta en escena pero no educativamente. Lo
llevan fuera de la ciudad, echamos los problemas hacia otros lados.
Manuel Delgado, afirmaba que nos
situamos en una sociedad hipócrita porque trasladamos ese conflicto a otra
zona. Resulta a veces contradictorio las multas de dinero que reciben grupos
como los mendigos. En realidad se hace para que la gente este tranquila.
No sólo se trata de cumplir como
educadores la norma y no cuestionarla sino que debemos pensar imaginariamente.
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